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sábado, 27 de noviembre de 2010

Tiene un minuto que me venda

Tiene un minuto que me venda
De lo qu epasa por querer ser buenas gentes

Viernes, bueno, sábado 1:02 am...

Esto no es una Nota como tal. Más bien es una de esas situaciones que suelen pasarme a mí y que, como al contarla en texto obviamente sobrepasaría los 140 caracteres de Twitter, no basta con dejarla como frase sino que debo extenderme en un par de párrafos más.

¿Alguna vez le han pedido un minuto de celular a alguien en la calle? Sí, creo que todos en algún momento lo hemos hecho: “Señor(a), ¿de casualidad tiene un minuto que me venda?”.

Al filo de la 1 de la mañana voy caminando por la cuadra de mi casa y una señora, que había entrado a la cuadra un par de metros delante de mí, se ha detenido en una casa y comienza a “gritar suavemente”:

– Germán, Germán, amor. Germán... ¿Germán...?

En mi barrio algunas casas son tipo inquilinato o han hecho de cada piso uno o varios apartamentos. En algunos casos en un solo cuarto pueden vivir varias personas, e incluso familias, y por supuesto difícilmente tienen timbres independientes. Razón por la cual cuando llegan a casa, a falta de timbre, lanzan “piedritas" a la ventana, chiflan o silban de manera específica, o gritan: “María, la llave...” *[Nota1].

En el momento en el que yo paso, no pregunten por qué, tenía el celular en la mano y la señora, viendo que no le escuchaban o bajaban a abrirle, me dijo:

– Señor, ¿de casualidad tiene un minuto que me venda?
– Sí, to’o bien. ¿Qué número?
– Huy gracias, usted es muy amable. 313...
– Tome, ahí está timbrando.

Cuando la señora me pidió el teléfono recordé algo que le pasó al exministro Fernando Araujo, hoy presidente del Partido Conservador *[Nota2]. Una vez húbose escapado de las FARC tuvo que echar pata por el “monte” y evitar incluso a los mismos campesinos de las fincas aledañas porque no podía saber quién era amigo de la guerrilla y quién no. Cuando finalmente llegó a un pueblo le dijo a una señora que vendía minutos que si le regalaba una llamada. Y ella con marcada sutileza costeña le respondió:

– Yo qué te voy a regalar minutos... ¡Y luego quién me va a pagar la factura...!

Cuando le pasé el teléfono a la señora de “Germán” me sentí cumpliendo con un acto cívico, “ayudar al prójimo” que llaman. Pero en el momento en que el celular comenzó a timbrar y se lo pasé a la mujer llegaron dos policías en una moto y se bajó uno de ellos diciendo:

– Señora, ya le dijimos que se fuera. Señor... –se me hizo que me hablaba a mí– ¿usted conoce a esta mujer?

En ese momento, no sé por qué, me acordé que mi cédula estaba perdida en mi cuarto desde hace como un mes. Bueno, lo único que nunca se ha perdido en mi cuarto es la cama. Y luego me acordé que mi libreta militar está en la portería de un colegio de la 205 con autopista desde el “día del Idioma” en abril. O sea, “si estos manes me llegan a pedir papeles conoceré finalmente la UPJ”.

Con algo de despiste apenas respondí:

– No, simplemente me pidió que le regalara un minuto a celular.
– Señora, ya se le dijo que él no la quiere ver. Si no se va inmediatamente tendremos que esposarla.

Acto seguido sacó las esposas del cinto y abrió una de ellas para asegurarla en la muñeca de su mano derecha, donde estaba precisamente mi celular.

– Señora, devuélvale el celular al señor, ya se tiene que ir. Señor, ¿vive cerca?

Ante esa pregunta pensé varias cosas. Primero, que nunca me habían dicho “Señor” tantas veces y en tan pocas oraciones. Segundo, que si me preguntaba si vivía cerca era para saber si YO necesitaba escolta para llegar a casa o no. Y si era así, tercero, significaba que la tipa en cuestión estaba demasiado tostada o era tan peligrosa que... “Joder, ¡qué tal le dé por mandarme el celular a la porra en un ataque de histeria...!”.

– Sí, aquí no más –contesté–.

El otro policía se bajó de la moto y me decía:

– Escándalo... Viene a poner problema y el man ya le dijo que no quiere volver a verla. Y hay niños durmiendo y...
– Señora, devuélvale el celular al señor que lo necesita. ¿Acaso se le va a gastar todos los minutos?

Viendo la situación me paré frente a la tipa y le dije...

– ¿Ya terminó?
– Sí, yo sé mi amor. Está bien amor. Ciao amor... Disculpe señor, qué pena. Tome, muchas gracias.

De veras pensé que había pasado mucho rato. Leí el contador de tiempo: “00:00:47”. Nunca le pusieron las esposas del todo, solo fue la amenaza. Guardé el celular en el bolsillo. Le hice un gesto de despedida a los motorizados y comencé a caminar hacia mi casa, o sea, media cuadra más.

Ellos se fueron detrás de la señora hacia la avenida. Alcancé a escuchar que le decían a la señora que “él le dio para el taxi” y asumí que ahora la iban a esperar hasta que estuviera subida en un “amarillo”.

Mientras tanto yo llegaba a mi puerta y recordaba mi intento de acto cívico y me dije a mí mismo:

– Mí mismo, cuando alguien te pregunte: “Señor, ¿de casualidad tiene un minuto que me venda?”, tú debes responderle: “Yo qué te voy a vender minutos... ¡Y luego que por buena gente me gane otra loca...! Váyase pa’la...”.
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Sábado 27 de Noviembre de 2010
...por la mañanita.


Anotaciones:

Nota1: La Vida es Bella.

Nota2: Sí pillan, que a uno lo secuestren es buen negocio. Si no le va bien con las ventas del libro, o demanda “simbólicamente” al Estado o lo nombran Ministro o Presidente de algún Partido. Y eso que cuando fue secuestrado apenas iniciaba la investigación a él por el escándalo de Chambacú cuando era Ministro en la administración Pastrana. Siendo ministro de Uribe esa investigación pasó al olvido.

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domingo, 19 de septiembre de 2010

Des-amor y ene-mistá...

Des-amor y ene-mistá...
Ya ni sé quién es quién

Pre-texto (Prólogo):

El prefijo (del latín præfixus, ‘colocar delante’) es un morfema derivativo de la clase de los afijos que se antepone a una raíz, lexema o base léxica para formar una palabra de significado diferente, denominada derivada. [Wikipedia]

¿Por qué hago la aclaración? Porque llevé a María (mi madre) a la iglesia y tuvieron que hacer la misa en el parque ya que el templo fue quemado hace dos días por facinerosos.

María hizo un apunte que suele hacer de cuando en vez y que siempre me recuerda la importancia de hacer claridad en el uso de prefijos y sufijos:

– Ole... ¿Usté qué estaba haciendo a esa hora...? Como usté es todo a-teo y anti-social...!

– No mamá, yo lo que soy es a-doctrino y a-social.


¿Sobre qué la Nota?

Podría decir que llevo meses sin escribir por aquí, y no miento al decir que la necesidad de hacerlo podría confundirse notablemente con la calidad del producto surgido de ella.

Había varios temas pendientes... políticos, teatrales, farándula, Transmilenio y demás discusiones pisicoantropofóbicas. El fin de semana pasado incluso había escrito un borrador de Nota de Amor y Amistad pero, como algunos sabrán, “perdí” el portátil y con él varios textos que estaban en espera de publicarse. #amigosdeloajeno

Es curioso que después de 15 años de haber iniciado en las lides “enamoratorias” hasta hace muy, pero muy poco, viniera a descubrir qué es esa joda que llaman una desilusión. #debuenasqueesuno. En parte por ese desatino, y en parte porque ahora ando lo más de bien y tranquilo, la parte “amorosa” la remitiré a la Nota de hace dos años [Ver Nota: ¿Amor o amistad?] en la que hice énfasis en aquello que a veces pienso sobre el “Amor” como una cosa netamente química... y hoy solo escribiré por los lado de lo seudo amistoso.

Realmente será un sencillísimo chisme–ejemplo de quiénes son los que por ahí dicen ser nuestros amigos. Lo demás lo deducirán ustedes.


¿Sumercé no es...?

¿Acaso alguna vez se ha encontrado por la calle con alguien que le dice que su rostro le recuerda a alguien...?

“Usted es igualito a un amigo de la U, pero él es más alto, fornido, de gafas... y todavía no se está quedando calvo. Pero de resto, son igualitos”.

“Usted es igualita a un amigo, no le estoy diciendo que parece un hombre, sino que es igualita a él”.

Hay otras situaciones que son peores y son aquellas en las que te reconocen, te saludan de nombre y charlan, sin que sepas quién ni porqué. Tengo, digamos, amigos, que les pasa eso. Incluso saben cosas tuyas, de tus actividades, de tus gustos, y no tienes ni idea del con quién hablas. Es más, tras del hecho hay algunos que hasta te piden consejo o hasta dinero que “luego se lo pago”. ¿Será culpa del Facebook? #yadijo

A algunos les somos tan familiares y de confianza que intiman con nosotros sin siquiera habernos presentado anteriormente.

– Hola qué tal, soy yo, mucho gusto. ¿Qué más de su vida?
– Pues creo YO que tal vez seré el YO que se le parece, o quizá el YO que usted cree conocer, pero que a USTED este YO no le conoce...!

Hay otros momentos, en una cualquiera situación cotidiana, en que uno actúa, cotidianamente, y a alguien le parece que tu acto es algo “inapropiado” y un tercer sujeto dice: “¿No ve que es él?”.

¿Y qué hay con que sea yo? ¿Acaso ustedes tienen claro el cómo actúo? ¿Tienen un manual del cómo soy? ¿Una guía? Porque si es así quisiera que me regalaran una copia.

A veces pareciera que ellos supieran más de uno que uno mismo. ¿Qué incomoda más? ¿El que sepa cosas tuyas y tú le desconozcas, o el que crea conocerte si tú mismo no sabes a ciencia cierta quién eres?

Porque algo es cierto, si nos conociéramos de forma fácil y clara no tendrían sentido los sicólogos, los curas o los peluqueros. La filosofía, la teología, hasta el tejido y la jardinería, son secuelas del “conócete a ti mismo”. Podría decir que yo soy de lo más socrático de este mundo, “solo sé que nada sé”. Y más si es de mí mismo. Cómo es que alguien me dice con toda la seguridad del caso: “¿No ve que es usted?”.


Yo sé quién sabe lo que usted no sabe...

Hay situaciones que des-argumentan todos los argumentos y uno termina actuando de manera insospechada, sin embargo otros dicen: “Usted siempre es así”. Hay una charla en mi haber de situaciones extrañas (o pablezcas) que me hace dudar de ciertas realidades. Incluso me hizo dudar más que nunca de mi propio Yo.

Una amiga me llamó al celular y me dijo:

– Pablo, conocí a alguien que sabe cosas de ti que tú no sabes.

– ¿Que sabe cosas de mí que yo no sé?

– Sí, sordo.

– ¿Cómo así? ¿Un gurú? ¿Un profeta? ¿Existe Dios? ¿O la negra Candela de los tipos del corriente?

No me quiso contar por teléfono, no porque estuvieran chuzadas las líneas, eso ya no pasa en Colombia; sino porque la información no es gratis. Si no que lo diga el Ministerio de Educación, o los del DAS. El caso es que el pago por esa información correspondió a un tinto y no recuerdo qué más, croissant o cheesecake de mora. Pero lo esencial era el tinto. La información fue más o menos la siguiente...

– Hace unos días estábamos (Ella) con una amiga en un bar y luego de un rato un tipo nos pagó un par de cervezas. ¡Bien! No estábamos de levante pero ¡ya había cervezas gratis!. Después de un rato el tipo se sentó con nosotras y comenzó a charlar. Hablaba de esto, hablaba de aquello, y tanto hablaba y hablaba que llegué a decirle “hablas como cuentero, deberías ser cuentero”. Y ahí sí que se puso a hablar. “¿Cómo se le ocurre? Yo odio a los cuenteros... los cuenteros esto, los cuenteros aquello. Es más, conocí a uno que era un ‘tal por cual’, se llamaba Pablo”.

– Ve, qué curioso, igualito que como yo me llamo.

– Pendejo. La cosa es que este sujeto comenzó a hablar de lo que hacía ese ‘tal por cual’. Que se la pasaba bebiendo en el Freud, tocando guitarra y fumando cosas raras; que tenía como 50 viejas, y que eso hasta a veces se iba con dos al tiempo...

– No jodás... ¿¡¡Y por qué no me acuerdo de eso...!!!? ¿A qué hora fue? ¡Repítanme ese disco por favor que me lo perdí!

– Según el tipo, ustedes dos se peleaban las viejas, que tú le tenías rabia porque alguna vez te “ganó” a una chica llamada “Sutanita Ramírez” y que por eso se la pasaban compitiendo. Es más, decía que en la tarde cada quien se iba con una chica y, espero por mi propio bien que hayas perdido esa costumbre, que al otro día se contaban con pelos y señales qué había pasado la noche anterior.

– Fresca, siempre pierdo las costumbres que nunca he tenido... ¿pero y quién es el tipo?

El tinto solo pagó los datos de la conversación con el sujeto. Su nombre y descripción física se los guardó de pura fiscal, “reserva de sumario” que llaman. Mandingas abogadas. En mi defensa puedo argüir demencia senil porque no me acuerdo de nada.

Bueno, de esa época recuerdo un par de licores y guitarra, sí, pero lo demás es pura fantasía. La época mencionada fueron los principios de cierta extensa monogamia que, para mi infortunio, me quedó de costumbre. #deveritas


¿Y el sujeto?

Esa tarde, pensando en lo que dijo el tipo “desconocido”, que de todos modos pareciera que me “conocía” bastante, me hizo recordar una cantidad de sicopatologías y películas. Tanto películas de cine como “películas” en las que se montan muchas personas que conozco. Esa tarde llegué a pensar que mi esquizofrenia había superado todas mis expectativas. Porque, o no me acordaba de nada, o mi mitomanía era tan fuerte que había inventado una historia paralela.

Incluso llegué a pensar en “El Club de la Pelea” ¿Y si ese sujeto pudiera ser un alter ego perdido? ¿Esa parte que me hace falta en las mañanas cuando me miro al espejo? Ese algo por el que no me siento completo y me hace preguntar todas las mañanas... “¿¡Quién soy yo…!?”.

Sin embargo varias semanas después un "amigo" (Boris) tuvo un toque en el bar de otros "amigos", en Tentris, y fui a escucharlo un rato pero cuando llegué ya había terminado.

Me senté en la barra y me ofrecieron un vino caliente de mera cortesía. #debuenasqueesuno. Cuando me lo empezaba llegó un "amigo" que es súper camarada de Boris, y a quien conocí en mis épocas iniciales de Antropología, que me dijo...

– ¿Qué más Pablitooo...!? –y me da un gran abrazo de amistad– .
– Don “D”. ¿Cómo va todo?
– Bien, ¿qué estás tomando? –y sin siquiera pensarlo toma mi copa y bebe–. Está muy bueno ¿qué es?
– Algo que me ofrecieron de cortesía a MÍ.

Y el tipo comenzó a hablar... y como dijera mi abogada amiga el tipo hablaba de esto, hablaba de aquello, y tanto hablaba y hablaba que llegué a pensar en decirle “hablas como cuentero, deberías ser cuentero”... Y entonces lo relacioné todo.

La conversación por fortuna se acortó por un brindis en su mesa que lo llamaba. Se retiró, no sin antes beber otro sorbo de mi copa. Y se despidió diciendo: “Qué rico verte Pablito, te cuidas”.

Infortunadamente “D” no está actualmente en mis contactos para que pudiera leer esto pero, de veritas, muchas gracias. Gracias a ese tipo de situaciones pablezcas reconozco quiénes son y quiénes no son.

Desafortunadamente escribo hoy solo de la a-mistad... porque ya sé reconocer un amigo de un a-migo... pero aun no logro reconocer a una chica loca de una que no lo sea tanto...! #hedicho


Post-Texto

He de aclarar que sí tengo amigos y, cosa buena o mala, no sé, no son pocos. Incluso algunos(as) se han adquirido gracias a la Red y me hablo varias horas al día con ellos(as). Pero, como dije al iniciar, solo quería dar un ejemplo de lo ambiguo que puede ser la palabra amigo. Lo demás lo pueden leer en la Nota de hace dos años... (Nota: ¿Amor o amistad? ).

Advertí que este texto no iba a decir algo interesante pero si llego hasta acá puedo suponer dos o tres cosas.

Sumercé es de esas personas que podría considerar casi amigo(a) (adquirido por la virtualidad) por leerme hasta el final, o persona con un pésimo gusto lector, o está muy desparchado... Pero la más segura ha de ser porque qué cosa pa’ser tan chismosos nosotros... ¿cierto...?


Recomendación Final:

Desde la semana pasada se está realizando en Bogotá y Medellín el II Festival Internacional de Canción Itinerante (www.barriocolombia.org) y esta semana traen, nada más y nada menos, que a Leo Masliah. (Video en Youtube)

Aprovéchenlo, no se lo vayan a perder ni pu’el carajo, menos en Bogotá que es de ENTRADA LIBRE.

Quiero Cuento
Y a partir del 29 de Septiembre: Quiero Cuento – Año 10 (Evento en Facebook)
No siendo más el motivo de la presente se despide el que digita, un abrazo,
Pablo T.

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