domingo, 24 de febrero de 2008

Un atraco INEVITABLE...!

Hay días en que la suma de coincidencias le hacen pensar a uno en muchas pendejadas y termina uno creyendo que definitivamente hay cosas en la vida que son INEVITABLES. (Foto: Mediados de 2007)

Anoche me atracaron media cajetilla de cigarrillos. Esto, aunque en apariencia no tiene sentido, me recuerda a una película babosa de Mel Gibson, “SEÑALES”, película en la cual la esposa moribunda de un pastor (Gibson) le da unos consejos, en apariencia absurdos, que sólo tienen sentido cuando se enfrentan face to face “a unos extraterrestres”...!!! La película es floja pero la recuerdo ahora. ¿Por qué? Ya lo explico.

Ayer era uno de esos días de hacer cosas varias. En la mañana tuve que hacer unas grabaciones con una cámara de video prestada. Estuve tentado a llevarla conmigo el resto del día, particularmente a una reunión de la tarde, pero preferí dejarla en casa. Luego, en la tarde, fui a clase de ALEX (Inglés) en la U y saliendo de allí subí a la Macarena al “Baby Shower” de Gerónimo.

En un momento salí con Rivera y Nata a conseguir mecato y, por alguna loca razón, quise comprar media de cigarros (razón loca porque ya no iba a fumar más). Varias horas después, a una hora precisa, decidí irme para la casa. Cuando pasaba el umbral de la puerta principal, de la casa donde me hallaba, recibí una llamada de Nata, que ya habiendo salido de allí, había olvidado algo y me recomendaba que lo llevara yo para pasárselo en el transcurso de la semana. Me devolví y por tanto me demoré diez minutos más. Bajé de la Macarena a la 7ª y decidí caminar a la 19 porque bajar a la Caracas, al Transmilenio, me parecía un tanto peligroso. Caminando hacia Las Aguas me detuve un rato para ver a una chica realmente bella decidiendo si le haría la charla o no. “–Diez y punta. No mano, camine ya pa’la casa–“ me dije. En eso pasó un colectivo, que no era mi ruta preferida pero me llevaba sentado y me permitía evitar el Transmilenio. “Qué carajos, vámonos”.

Al subir al colectivo me puse los audífonos del MP3 y quise cambiar la carpeta que quería escuchar pero, por pagar el pasaje, no lo hice y terminó apagándose. Miré a la calle mientras bajaba la 19 y en segundos me quedé dormido con los audífonos puestos pero ellos en silencio. Como de costumbre desperté un par de cuadras antes de mi bajada. Al bajar me dio pereza usar el peatonal del ÉXITO, lo cual me evitó un par de minutos en tiempo y varios metros en distancia. Al llegar a la calle que va hacia mi casa subí 2 de las 3 cuadras cortas que me separan de la avenida y me detuvieron tres tipos pidiéndome “una ayuda” y que “no fuera a hacer ninguna pendejada”.

En 3 segundos estudié la situación y mis posibilidades:
* La cámara de video la dejé en mi casa (Bien).
* Hubiera salido más temprano si no hubiera recibido la llamada de Nata (Mal).
* Hubiera cogido Transmilenio o la otra ruta y ahora estaría entrando al barrio por la otra avenida y no por acá (Mal).
* Si hubiera tomado el peatonal no me hubiera cruzado con los tipos estos porque ya estarían a un par de cuadras de distancia (Mal).
* Tengo puestos los audífonos (tipo orejera) lo cual indica presencia de Celular o MP3 (Muy mal).
* Están ocultos bajo mi greñero y el MP3 está apagado (...ups! Qué bien).

Esto lo pensé en 3 segundos y luego vino la pregunta: ¿y con qué los “compró”? ¿Cuál será mi escusa para “no tener” dinero? ¿Qué les puedo dar para entretenerlos?

* Podría usar la típica de mostrar algo de plata suelta y aludir que es lo único que a uno le queda (bien).
* El problema es que desde hace mucho tiempo no cargo dinero suelto fuera de la billetera y en ella había algo más de 60mil pesos (Muy Mal).

– “Bueno ¿pero qué tiene?” –preguntó uno de ellos que pareciera ser el que manda–.
– “Nada” –respondo yo mientras mi cerebro hace el inventario: Dos celulares que tengo en cada una de mis manos que están en los bolsillos de mi chaqueta ovejera NUEVA; un MP3 cuyos audífonos están boletéandose sobre mis orejas; una billetera con más de 60mil; una armónica prestada y...
– Hermano no se vaya a hacer joder... –decía el segundo que ya me había rodeado y cuya voz escuchaba atrás a mi derecha por debajo del audífono. El tercero estaba a la mitad de la calle haciendo pantalla.

En eso pensaba “Si corro me chuzan y no gano nada. Si me “güevoneo” me bajan todo lo inventariado en mi cabeza...”.
– No mano –les digo– ya llego a mi casa y no tengo ni pa’un dulce, ni pa’un... [mmmh...! –pienso–] Ah...! miren! –sigo diciendo– lo último que tenía lo gasté en estos cigarros...

Abro la mochila y entre una revista, una libreta, un libro, la pañoleta de colores que envuelve la armónica, papeles sueltos y algo de basura suelta se ve la media cajetilla de cigarros apenas empezada.

– Muestre –dice cogiendo los cigarros el que parece ser quien manda–.
– Que mierda, apuren. ¿Qué tiene? –dice el tercero–.
– Nada. Vámonos ya –dice el tipo con los cigarros en la mano y se van–.

Camino la cuadra que me faltaba para estar frente a mi casa y, mientras abro la puerta, pienso en todas las coincidencias temporales y circunstanciales que hubiéranme evitado el incidente o haberlo hecho económicamente más grave, y entonces digo algo con un tono que no logro dicernir es explicativo o contundente:
Y yo que quería dejar de fumar”.


Pablo T.

1 comentario:

Julian Virguez dijo...

Las pequeñas diferencias de segundo a segundo que hacen que la la vida tome rumbos tan distintos. El otro dia un policia me paro para llenar un formulario antiterrorista ya que tienen que cumplir su cuota diaria. Me cogio a mi ya que era el primero en bajar unas escaleras. Si hubiera sido el segundo no me detiene. El problema fue que despues de que se aseguro que yo no cargaba bombas, me diriji al metro y katapun, se rompio el metro. Gracias a ese policia mi retorno a casa tomo una hora extra.