miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cuento-canción-poesía de una larga noche larga

Cuento-canción-poesía de una larga noche larga
Volviendo a algunas tonadas del recuerdo

Hoy despierto con la certeza,
que como todas las noches,
el desvelo de mis sueños alimentará la espera.

Cierro los ojos y siento tu respirar en mi pecho.
Mis manos anidadas sobre tu pensamiento y sus enredos
y tu mirada cerrada balanceándose en tus sueños.

Un olor, un respiro,
un recuerdo, un suspiro.

Hoy, tal vez ayer, o mañana
mis ideas se confunden
y no sé si lo que vivo
es lo que recuerdo o es lo que espero.

Recuerdo nuestras manos juntas caminando bajo la lluvia.
No, era de noche y éramos niños.
O tal vez ya éramos grandes, y soñábamos con nuestros hijos.
No lo recuerdo. Pero las manos estaban juntas.

Ayer te abrazaba como hoy,
¿o mañana?
¿Qué hora es?

Mis dedos dibujaban tu rostro en la oscuridad
y descansaban refrescándose en tus labios
contemplando tu silencio, tu tranquilidad.

Tranquilidad,
esa que se pierde cuando tus pechos de miel
y tus pasos de crayones
dejan una estela de nube, húmeda,
en mi rostro.

Esa mirada eterna,
como hecha de madretierra, de madreselva,
de barro, de alfarería mexicana.

Como una mirada de serranía,
de monte, de madera,
de vino, de Chile,
de mar, de estrellas,
de velas, de lunas,
de hamacas, de arena.

Hoy el olor de tu piel me embriaga,
no sé si como el primer beso,
pero sí tan perturbador como el último.

Ése en el que, con un ligero contacto,
me lleva a la memoria de tu primera sonrisa,
al brillo de tus ojos en la oscuridad,
y a la promesa que un día como hoy,
tal vez, tengamos ese día.

Pero hoy no es ese hoy ¿Qué día es? No lo sé.

Mis sueños son un punto rojo
en medio de un mar negro de oscuridad.

De tu piel hubiese hecho un perfume.
De tierra negra,
de arena blanca,
de sierra morena.

Pero como a Nefatalí, del mediodía algo me aleja
en muchos silencios, en muchos miedos,
de la esperanza de Sofía.

Y por eso solo en la noche, sólo,
me acuerdo que un día como hoy, ayer o mañana,
tus ojos brillaron de colores en la oscuridad de un instante,
de un segundo, o de un sueño.

Hoy no sé si fue ayer o mañana.
Pero el sabor del café,
del maracuyá, del chocolate, del vino, del tabaco,
de ese sabor indefinido de tus labios
llega a mi mente mientras te contemplo abrazada,
durmiendo, en mis recuerdos,
en cosas que tal vez no existieron.

Hoy, tal vez mañana, o ayer,
no despierte como siempre, sólo,
con tu respiración en mi pecho
y mis manos anidadas en tu pelo,
en mis sueños.

2am, miércoles 19.




Pablo T.

3 comentarios:

Gabriela Montoya dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gabriela Montoya dijo...

Es increible... hasta tus poemas.... pareciese que jamás te leyera y que siempre te escuchara... por eso será que siempre tengo la sensación de que es mi turno para hablar ummmm....

Gabriela Montoya dijo...

Ah se me olvidaba... no sé que corto existe entre el Pablo de la Lua y el Pablo que conozco!