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martes, 30 de diciembre de 2008

152 palabras a una (Mujer perdida)ⁿ

152 palabras a una mujer perdida a la n
(Mujer perdida)ⁿ

Hoy un nombre ha venido a mi memoria y, con él, vinieron los nombres de otras vidas pasadas. Historias inconclusas, inconformes, que gritan en el silencio de mis recuerdos solitarios.

Quisiera escribir algún poema o mil canciones con ellas pero sus nombres, sus miradas y sus risas, se agolpan testarudas en el punto exacto en el que la tinta quiere infructuosamente besar al papel.

AlAnAdrLeiLuiLauMarLuElDiaJuaMonPilPao...

Cuando pienso en sus nombres me pregunto: ¿Cuál fue el cuadro del viejo Chagall? Pues entre los cientos de mujeres, volátiles, sumergidas, etéreas, astronómicas y estelares del ruso; hallo las mismas historias irrealizables y pienso que el sombrero de Silvio solo fue la escusa, el imposible que siempre nos alejará de su mirada; la de ella, la de los mil nombres, la de los mil rostros, la de todas ellas-una, y sus inconclusas historias innombrables.
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Lunes 29 de diciembre 10:40 pm
Ruta Fácil Portal Américas - Transmilenio, Bogotá.

Pablo T.




martes, 23 de diciembre de 2008

Una serie de escritos desafortunados...

Una serie de escritos desafortunados...
Un saludo y tres... ¿Poemas?

Ayer sonó el "ding-dong" del timbre de la casa y salí a mirar. "Sí a la ordennnn". Un hombre con cara de aburrido dijo: "Vengo por el directorio del año pasado...".

¿¡Año pasadoooo...!? ¿Pero a qué hora se volvió éste el año pasado? Si apenas hace un par de meses me estaba comiendo las doce uvas con los cuatro deseos triplicados de siempre. Son cuatro porque mi pobre imaginación llega a sólo ese número de peticiones:
Salud, dinero y... mmm...
Salud, dinero y... mmm...
Salud, dinero, “eso” y tranquilidad (¿felicidad?). En la quinta uva repito el ciclo.

Se volvió a acabar el año y, como hace un año y otros más, vuelvo a sentir esa extrañeza parecida a fastidio que me despierta la época. Insisto, como hace 12 meses, que para mí es un sencillo cambio de año. Un descanso que apenas se acerca a un renacimiento pero como cierre de ciclo, algo semejante a lo que nos debería recordar la versión original, Druida, del árbol. ¡Siémbralo, no lo tales pa’colgarle bolitas de cristal...!

Al acabarse el año todos quieren (¿queremos?) escribir una carta de buenos deseos y esas cosas pero la cosa es que no a todos les surge tan fácil. Sobre todo si se quiere hacer algo original y alejado del clisé navideño. Otros hacen un recuento de lo sucedido en el año. Yo lo intenté en el fin de semana recogiendo apuntes de las anotaciones escritas sobre política y demás. Llevaba un par de párrafos al respecto y, viendo que el zootecnista boyaco hacía lo mismo en su “Mundo”, me desanimé y postergué el recuento para el otro año. Es más, el noticiero lo está haciendo en este mismo instante que digito en el teclado.

Quiero escribir pero al parecer la época me cohíbe. Comúnmente es así. No quiero escribir una carta, ni un poema, o un cuento. Ni siquiera un villancico de carranga. Simplemente quiero escribir. Bueno, lo del recuento sí, pero será el otro año.

Pero bueno... Hay días en los que las frases brotan y pululan en la mente como si fuesen ávidos y lujuriosos conejos. Hay días en que el romanticismo nos aflora con “sólo respirar el aire suave de la mañana”. Y hay otros en que definitivamente ellas, las palabras y sus frases, no se asoman ni mentándoles la mamacita para que salgan. Estos han sido de esos días, de los segundos...

El sábado quise escribir un poema, el domingo un recuento, el lunes una canción y hoy un mensaje de saludo que, la verdad, apenas si acerca a "Quiubo ¿qué más?".

Dejémoslo de ese tamaño. Los saludo y ya. Porque sé que hay muchos(as) que leen estas NOTAS virtuales (sobre todo en los múltiples desparches de vacaciones) y que esperan hallar algo interesante en las mismas. Algo dejaré. Un saludo para todos y todas. Que coman harto, ya bajarán esos kilos extras con las alzas del otro año. Siembren manquesea una matica de cebolla. Que saluden a sus cuchos y toda su jámili pero, sobretodo, que si viajan, les recibo colaciones y alcohol de sus tierras maternas pa'cuando vuelvan.

Anexo pues, como para expiar la atención soportada a ésta nota, un par de escritos desafortunados surgidos en ésta temporada. Incluso adjunto también otro po-po-ema antiguo que refleja algo de mis sentimientos decembrinos. Como para que no digan que yo no tengo también mi corazoncito.

He aquí mi vena romántica.

Ah... y que muy “merris las crismas” y muy “japiniullear”.

Un abrazo...

Pablo T.

Post Scriptum:

Etiquetados en ésta Nota: Nadie, pero imaginen un par de decenas...!

La "Navidad" no es de mis afectos pero el encuentro con la jámili y con los compas sí lo es... Por ello, gócencela toda. Donde quiera que estén...

Pa' las de Medallo, pa'chamozuela, Neiva, Boyacá, los llanos y toda la Sabana. Pa'los que están por Francia, Argentina, España, México, las Unites o Brasil. Uno particular pa'los compas Bucaros... (Yo veré el "Superior" Don Bombi...!) Pa'toda la Fauna de Fábula. Pa'los de Teatro, Cuentería y la Música. Pa'la gente de Alud. Pa'las hermanas, hijas y novias (virtuales o reales). Pa'los primos... y todos en general.

Recuerden lo de las colaciones y el alcohol... FIN del P.S.

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Los poemas cojos o truncados...
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Poema Trunco I

Hoy desperté recordando el aroma de tu piel...

La joda es que al despertar no recordaba con quién había soñado.


Poema Trunco II

Cuando pienso en ti lo olvido todo...

¿De qué estaba hablando?

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...y el po-po-ema antiguo.
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Apología Escatológica (No apta para románticos)

Te odio.

Me he cansado del dolor disfrazado de bienestar.
Tu malestar, tu angustia, tu maldito silencio.
Cada horda de vejámenes,
tus actos,
todas tus sonrisas,
se concentran en mi interior
como un vacío y una inercia.

Suciedad de sociedad.
Palabras llenas de invenciones y mentiras
verdades a medias
que producen en mis vísceras
la más completa desazón.

Los dolores que hoy me produces
hacen obligarme a alejarte de mí,
a sacarte de mi alma, de mi ser, de mi interior...
Me produces náuseas,
me duele el bajo vientre,
la cabeza...
Frunzo el ceño
y una lágrima recorre mi mejilla.

Lloro, grito, me quejo y te vas.

Tu recuerdo cae en medio de un silencio séptico y frío.
Te veo.
Tu silencio.

Bajo la palanca del inodoro
y todo el recuerdo de mi vida contigo
huye oscuro,
entre círculos,
hacia un túnel perdido en la nada.
Que va hacia el vacío.
A la mierda.

(Enero 24 del 2006)


Pablo T.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Cuento-canción-poesía de una larga noche larga

Cuento-canción-poesía de una larga noche larga
Volviendo a algunas tonadas del recuerdo

Hoy despierto con la certeza,
que como todas las noches,
el desvelo de mis sueños alimentará la espera.

Cierro los ojos y siento tu respirar en mi pecho.
Mis manos anidadas sobre tu pensamiento y sus enredos
y tu mirada cerrada balanceándose en tus sueños.

Un olor, un respiro,
un recuerdo, un suspiro.

Hoy, tal vez ayer, o mañana
mis ideas se confunden
y no sé si lo que vivo
es lo que recuerdo o es lo que espero.

Recuerdo nuestras manos juntas caminando bajo la lluvia.
No, era de noche y éramos niños.
O tal vez ya éramos grandes, y soñábamos con nuestros hijos.
No lo recuerdo. Pero las manos estaban juntas.

Ayer te abrazaba como hoy,
¿o mañana?
¿Qué hora es?

Mis dedos dibujaban tu rostro en la oscuridad
y descansaban refrescándose en tus labios
contemplando tu silencio, tu tranquilidad.

Tranquilidad,
esa que se pierde cuando tus pechos de miel
y tus pasos de crayones
dejan una estela de nube, húmeda,
en mi rostro.

Esa mirada eterna,
como hecha de madretierra, de madreselva,
de barro, de alfarería mexicana.

Como una mirada de serranía,
de monte, de madera,
de vino, de Chile,
de mar, de estrellas,
de velas, de lunas,
de hamacas, de arena.

Hoy el olor de tu piel me embriaga,
no sé si como el primer beso,
pero sí tan perturbador como el último.

Ése en el que, con un ligero contacto,
me lleva a la memoria de tu primera sonrisa,
al brillo de tus ojos en la oscuridad,
y a la promesa que un día como hoy,
tal vez, tengamos ese día.

Pero hoy no es ese hoy ¿Qué día es? No lo sé.

Mis sueños son un punto rojo
en medio de un mar negro de oscuridad.

De tu piel hubiese hecho un perfume.
De tierra negra,
de arena blanca,
de sierra morena.

Pero como a Nefatalí, del mediodía algo me aleja
en muchos silencios, en muchos miedos,
de la esperanza de Sofía.

Y por eso solo en la noche, sólo,
me acuerdo que un día como hoy, ayer o mañana,
tus ojos brillaron de colores en la oscuridad de un instante,
de un segundo, o de un sueño.

Hoy no sé si fue ayer o mañana.
Pero el sabor del café,
del maracuyá, del chocolate, del vino, del tabaco,
de ese sabor indefinido de tus labios
llega a mi mente mientras te contemplo abrazada,
durmiendo, en mis recuerdos,
en cosas que tal vez no existieron.

Hoy, tal vez mañana, o ayer,
no despierte como siempre, sólo,
con tu respiración en mi pecho
y mis manos anidadas en tu pelo,
en mis sueños.

2am, miércoles 19.




Pablo T.

miércoles, 22 de agosto de 2007

A Jattin (Texto viejo)

Raúl Gómez Jattin nació en Cereté (Córdoba) y murió en las calles de Cartagena atropellado por un bus (eso dijeron los periódicos de la época). Estudió derecho, fue poeta, mal hijo, buen amigo, remarica y loco... Recuerdo que le conocí por el informe de prensa del domingo siguiente a su muerte. Si murió atropellado creo que hubiera preferido hacerlo como Tanguito, encontrándose frente a frente con una locomotora... pero ni modos, no fue así...

"Los poetas —Amor mío—
son unos hombres horribles
unos monstruos de soledad —evítalos siempre—
comenzando por mí.

Los poetas —Amor mío—
son para leerlos.
Mas no hagas caso
a lo que hagan en sus vidas".

RGJ


A JATTIN
A ti Raúl, te quiero a lo viejo.
Como viejo que sos.

Alguien dijo que te atropelló un camión.
Otro dijo que qué va. Fue un avión,
en uno de sus idílicos vueeeloosssss...

Sólo te conocí en el poema.
Cuando viajé a Cartagena quise verte
ambulando por las calles de piedra
repartiendo poemas a los sordos oídos de las plazas.

Quise verte escribiendo en papeles cálidos y viejos
el rapto de imágenes que le hacías a sus almas.

Quise ver tus ojos de niño,
sentir tus manos de anciano
y escuchar tu voz de demonio.

Talvez si te hubiera conocido realmente...
hubiera sucumbido en mi homofobia y te hubiera dado un beso.
Pero no te vi ni escuché.

Hoy te recuerdo sin haberte conocido
Me has enseñado -a ratos- y te escucho y te hablo.

Un sonido, una voz, un poema.
¿Acaso te quedaste en el mundo que amabas?

Éste siempre estuvo
o estará -allí-
Pero para él tú ya no existes.

El mundo que odiabas ahora te recuerda
No te conoció pero ahora te recuerda.

Pudiste enseñar mucho más
a muchos más
Pero lastimosamente
tus letras y tu voz
ahora son solo tinta.

(1999-12-01)

sábado, 24 de febrero de 2007

Humo

Me encendí un cigarrillo. Mientras los trozos de té danzaban en la taza yo les veía, sereno, concentrado en la sencillez de su movimiento. Dejé la taza en el suelo. Tomé una bocanada y me dejé caer suavemente sobre la cama. “Sí”, dije. “Está del putas tu cuarto”. Miraba al techo e iba a tomar un segundo aire de tabaco pero sentí tu cuerpo sentándose en mis piernas. Mi mano izquierda se estiró hasta la mesita donde las cenizas no serían asesinas de madera o algodón. Tus manos llegaron a mi pecho y tus labios recorrieron mi cuello. Me mantuve en silencio unos segundos para no herir el momento. Mi mano derecha rodeó tu espalda y los movimientos concéntricos de tus caderas me llevaron al pasado remoto en que vos y yo fuimos uno solo.

“Me…”, intenté decir y tu índice eliminó del diálogo a las palabras. Fue un leve susurro, un recuerdo que nos fascinó por unos cuantos segundos. Dos caricias y un ligero beso. Me incorporé para acariciarte y tu mano hizo el gesto de siempre, con el cual todas las discusiones eran concluidas, el lancetazo final con el que el director termina la obra, la maniobra sorda que apacigua, el silencio imputado ante cualquier ráfaga, el signo del dominio, el símbolo de tu miedo.

“Es hora de irnos”, dijiste. Y sentado recordé el cigarrillo moribundo en mi mano siniestra y muerta, como dormida, y en la última gota de tabaco aspiré mi recuerdo eterno mientras él me decía en silencio, en mi mente, “¿Qué esperas... si su alma es orgullosa y de hojas grandes como la planta de tabaco, pero que solo hasta que éstas estén secas y el fuego les halla consumido no conocerán del vuelo y de su cielo sino siendo humo?”.